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Nombres de una Estatización Económica

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Lejos de descansar en el avance del control sobre los recursos, pareciera que el verano trajo una profundización.  Sintonía fina o ajuste, según se quiera definir, la política del gobierno ha manifestado en los últimos meses la coronación pragmatica de lo que se ha teorizado en las filas oficialistas desde que la victoria se vislumbraba en las encuestas de octubre del año pasado.Pero es preciso poner los tèrminos en claro, sobre todo en épocas en que controlar suena para algunos, casi como un atropello.

Más alla de la cobertura mediática centrada en la supuesta tortura que implica obtener la tarjeta SUBE y el llamativo silencio oficialista acerca del valor que tomará el boleto en marzo, la estrategia parece ser incentivar a la población a gestionar la tarjeta con celeridad para avanzar con un modo de gestión que roza, en las últimas, con una cuasi estatización del transporte público.  Aquí debemos detenernos nuevamente para poner paños fríos sobre otro de los términos que mediáticamente se empeñan en convertir en mala palabra: Estatización.  El proyecto final de la tarjeta SUBE, apunta al control de la rentabilidad de cada empresa de transporte en particular desde el Estado mismo; pero, yendo más lejos, de optimizar los destinos del gasto público.

Nada es casual, en ese mismo sentido apunta la presión a YPF en busca de un mejoramiento en la producción.  Si se tienen en cuenta las políticas macroeconómicas que signaron al primer gobierno de Cristina Fernandez, es claro que la cuestión de la energía es clave en dos aspectos: En primer lugar para atenuar el déficit de la balanza comercial minimizando las necesidades de importación de energía.  En segundo lugar porque prepara el terreno para una demorada o resistida industrialización liviana, apuntalada por el control de las importaciones.   Es llamativo en éste último caso que tal proceso se muestre tan difuso e, incluso con pocos anuncios desde el gobierno.   Es curioso también que no se mencione en los medios más importantes.   Tal vez, para los grandes detractores de kirchnerismo, los intereses de un modelo agroexportador pese sobre el traslado de esos recursos al sector industrial.  Tal vez, el oficialismo encuentra más obstáculos que enviones para diseñar un programa sustentable de producción industrial propia.  Lo cierto es que sobre el tema, el mutis es mutuo.

Como sea, la intención de llegar a todos los rincones de la economía, esta presente en el programa de gobierno.   Las medidas de la tarjeta SUBE y de YPF que sobresalieron esta semana no son más que réplicas de las retenciones móviles, las barreras aduaneras, el dólar controlado, la presión fiscal y las asignaciones familiares, entre otros.   El rumbo del gobierno está signado desde sus principios por ese norte.   Es cierto que el modelo encuentra oposiciones entre los defensores del libre comercio, especialmente en un mundo globalizado. pero también es cierto que las principales economías del mundo están atravesando una crisis financiera que juega en desmedro de los valores libertarios que dicen defender.  Más aún, que vuelca a muchos en ese tan mentado 54%, ya sea por convicción o por conformismo.

Como sea, el 2012 será un año de profundizaciones que ya han comenzado mientras medio país está debajo de la sombrilla, remojando los pies en el mar.  Transformaciones que son nuevas, pero no tanto en un gobierno que genera cambios desde que llegó a la Casa Rosada.

El desafío principal del Gobierno, será lograr adhesión a lo que, del derecho o del reves, anuncia ajustes y aumentos.   Ya se sabe, en Argentina, un anuncio así tiende a caldear los ánimos.   Nadie quiere perder, nadie sabe hasta donde perderá.    Tal es así que en la última semana se vio una construcción de Moyano que, entre reuniones cegetistas y encuentros con funcionarios allegados a la presidenta, parecía un boxeador entrenando por el título.   Fue en vano: no llegó ni al pesaje.  Entre la espada y la pared, Moyano decidió esperar.  Fue claro que la correlación de fuerzas no jugaba a su favor, pero también que su enfrentamiento había sido fogueado más de la cuenta por los medios opositores.  La novela pareció la continuación del otro culebrón veraniego: el de Scioli y Macri jugando un partido de fútbol que generó alguna cara larga en las filas de la Cámpora, y que fue primera plana en los diarios de mayor tirada.   El mismo Scioli tuvo que colocar la chicana para que la cosa no terminara como un escándalo de bailarines y panelistas.

La construcción de adversarios, de posibles héroes de una gesta que sólo la oposición conoce, no es nueva.   Se ha utilizado hasta el hartazgo con Cobos, El Campo, Carrió, Alfonsín, la crisis y tantos otros.   Tantas veces, que el público se ha cansado de ver la misma película.   Es tal vez en este paño donde algunos juegan las fichas de política exterior y Malvinas viene a producir esa adhesión a un proyecto nacional que, a veces está difuso pero, para la mayoría, al menos es nacional.   Podrán hacérsele duras críticas a las motivaciones reales que hicieron al kirchnerismo abrir el debate; lo cierto es que se ha avanzado mucho en el reclamo y se han sumado países.   El logro, es tal vez el mayor de todos, desde que las islas están bajo dominio británico.

Avance del Estado sobre los recursos; apertura al juego político y pragmatismo devenido en estrategia.   Receta constante y permanente.  Con curvas y caminos laterales, ese parece ser el juego que guía al kirchnerismo.   Tan estratégico que hasta tuvo la previsión de dar un aumento a los jubilados pocos días antes de hacerlo con los legisladores.  Deuda saldada con los jubilados y parlamento satisfecho para restar margen de maniobras a la CGT.         Restará ahora esperar los comienzos de Marzo para que el resultado de las paritarias y la quita se subsidios se midan en el terreno cotidiano de los trabajadores y la adhesión o el rechazo a un modelo que continúa por la senda de la estatización.  Con avances y retrocesos, el rumbo es siempre el mismo y pese a lo que se dice, las medidas del tercer mandato Kirchnerista, no son nada nuevo bajo el sol.

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